¿Cómo sería un robot autoconsciente?

La autoconsciencia de los humanos siempre ha sido un tema a estudiar. Esta condición nos permite pensar sobre nosotros y sobre lo que podríamos o no hacer. Nos facilita el pensamiento y el razonamiento hacia uno mismo. “Pienso, luego existo” decía René Descartes.

Columbia Engineering en EE.UU. lograron un notable avance: un pequeño robot que aprende qué es, desde cero y sin algún conocimiento previo de geometría, física o dinámica motora.
Al inicio, el robot no tiene idea si es una araña, un pájaro, un ratón o un brazo robótico. No conoce su forma o cómo lograr algo con sus movimientos. Debido a eso, la máquina debió pasar por un periodo de “balbuceo” –donde intentaba moverse en distintas direcciones para conocer sus capacidades- para después llevar a cabo 35 horas de computación intensiva.
Finalmente, fruto de sus esfuerzos, el brazo mecánico logró hacer una autosimulación de “recoger y colocar” bolitas en un vaso de plástico. Permitiéndole al robot recalibrar su posición entre cada movimiento.

El brazo cumplió su misión de conocerse a sí mismo. Tal y como los bebés hacen al inicio de sus vidas. La compañía señala que: “Creemos que esta ventaja también puede haber sido el origen evolutivo de la autoconciencia en los humanos. Si bien la capacidad de nuestro robot es muy basta en comparación a las de los humanos, creemos que está en el camino hacia la autoconciencia de la máquina”.

Al desarrollar este tipo de temas, podríamos incluso desglosar los pensamientos de los filósofos, científicos y psicólogos que han reflexionado sobre la autoconciencia humana.
También significaría el perfeccionamiento de la inteligencia de los robots para adaptarse a las situaciones imprevistas.

¿El próximo paso? La autoconsciencia mental. Adaptar el pensamiento. Saber si los robots pueden pensar en pensar.

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